La exposición al ruido es uno de los riesgos más extendidos en la industria y uno de los más subestimados, porque el daño auditivo avanza sin dolor y es irreversible. Gestionarlo bien protege a las personas y blinda a la empresa ante reclamos.
Tres pasos para gestionarlo
- Mediciones de precisión. Evaluar el ambiente de cada puesto con el protocolo de medición de ruido de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (Resolución SRT 85/2012) para verificar el cumplimiento de los límites legales.
- Control en la fuente. Antes de llegar al trabajador: aislar, encerrar o modificar la máquina o el proceso. Es la medida más efectiva y la primera que hay que analizar.
- Protección trazable. Cuando el EPP es necesario, elegirlo técnicamente para el nivel de ruido de cada puesto y registrar su entrega a cada trabajador.
Lo que suele fallar
Mediciones vencidas o hechas en una sola sede, protectores auditivos elegidos «por catálogo» y entregas sin constancia. Ante una inspección o un reclamo, lo que no está registrado no existe.
En NaIA: los protocolos de ruido de cada sede quedan con su fecha y su próximo vencimiento, y la entrega de EPP con la constancia de cada trabajador. El Agente NaIA te avisa qué medición está vencida y en qué sede.
La prevención es la única herramienta para evitar enfermedades profesionales. Si querés poner al día las mediciones de tus sedes, hablemos.